Català | Castellano | English | Français | Deutsch | Italiano | Galego | Esperanto
En aquest lloc «web» trobareu propostes per fer front a problemes econòmics que esdevenen en tots els estats del món: manca d'informació sobre el mercat, suborns, corrupció, misèria, carències pressupostàries, abús de poder, etc.
Portada | ¿Quiénes somos? | Enlaces | Agenda | Actividades realizadas | Lista de correo | Contactos-e-mail | Blog

Nuevos apartados:

Al servicio de este pueblo.
Lluís Maria Xirinacs.
Artículos publicados en el diario Avui, cuando Lluís Maria Xirinacs era senador independiente en las Cortes Constituyentes españolas, entre los años 1977 y 1979, traducidos al castellano.

Diario de un senador.
Lluís Maria Xirinacs.
Artículos publicados en el rotativo Mundo Diario, cuando Lluís Maria Xirinacs era senador independiente en las Cortes Constituyentes españolas, entre los años 1977 y 1979.

Publicaciones:

Mundo alternativo.
Lluís Maria Xirinacs.

Pequeña historia de la moneda.
Agustí Chalaux de Subirà, Brauli Tamarit Tamarit.

El capitalismo comunitario.
Agustí Chalaux de Subirà.

Un instrumento para construir la paz.
Agustí Chalaux de Subirà.

Leyendas semíticas sobre la banca.
Agustí Chalaux de Subirà.

Ensayo sobre Moneda, Mercado y Sociedad.
Magdalena Grau Figueras,
Agustí Chalaux de Subirà.

El poder del dinero.
Martí Olivella.

Introducción al Sistema General.
Magdalena Grau,
Agustí Chalaux.

Jordi Bilbeny: «Estamos sufriendo una persecución intelectual».

Blog de Andreu Marfull. Jueves, 2 de Julio de 2020.

Jordi Bilbeny en blanco y negro.

«Estamos sufriendo una persecución intelectual».

Entrevista a Jordi Bilbeny.

Jueves, 2 de Julio de 2020.

Llevamos años de sueños frustrados, de pesadillas y esperanzas perdidas, pero protagonizando una inflexión simbólica. Nada es lo que parece. Y buena parte de esta situación viene dada porqué llevamos siglos de historia distorsionada que no nos deja pensar, ser, ni comprender lo que queremos ser. Estamos literalmente aturdidos. Y se echa en falta referentes intelectuales que aporten espacios de esperanza articulados sobre razonamientos coherentes, sinceros y valientes. Actualmente un referente lo hallamos en Jordi Bilbeny.

Desde la resistencia, de la convicción y de la certeza de saber que estamos en manos de una mediocridad manifiesta, pero profundamente humana; motivada por el espíritu idealizado del Jesús chamánico y revolucionario, de todos aquellos que (literaria o realmente) han labrado una realidad alternativa aparentemente imposible, nos abre los ojos. Y lo hace desde el hilo que lo ha llevado a tejer al abrigo de otra historia que se nos ha borrado: la de la censura de la historia de los catalanes.

Y todo comienza con una conversación con un novicio capuchino, con ideas propias.

Andreu Marfull.

–Jordi, ¿cuando tomas conciencia de que Cristóbal Colón fue catalán?–

–Esto se podría definir en dos etapas. Una primera cuando yo debía tener entre trece y catorce años, tal vez quince, y una segunda más adelante.

Hacía de monaguillo en el convento de los capuchinos de Arenys de Mar. Ayudaba en la misa y la liturgia, y era un trabajo un poco más complejo que llevar el cirio, el incienso o la naveta. Coincidí con un capuchino que es bastante conocido, porque ha hecho incursiones en el ámbito de las plantas medicinales y de la historia. Es el padre Valentí Serra, y él me habló de Colón.–

–Lo conozco.–

–Entonces él era un novicio que debía tener diecisiete, dieciocho... quizás veinte años. Tenía entre seis o siete años más que yo, quizás ocho. Un día, no sé cómo vino, se puso a hablar de Colón. Me dijo que había sido un corsario a las órdenes de Renato de Anjou y, como que había luchado contra los reyes, por lo que tuvo que esconder su identidad. Quizá porque era catalán.

Ahora sé que él ya había leído a Luis Ulloa1 y por eso decía lo que decía. La cosa quedó así, y me lo retuve en la memoria, como una «anécdota de sacristía».–

–O sea, con trece o catorce años conociste un seminarista capuchino en Arenys que te habló de Colón.–

–Sí, muchos seminaristas capuchinos pasaban por Arenys. Yo había conocido un montón. Con algunos iba manteniendo conversaciones, e incluso hay quien ha dejado la orden y lo he conocido como capuchino y como padre de familia. Fue interesante. Yo me veía un niño y Valentí era para mí un chico con estudios, hábito de la lecturas y la búsqueda del conocimiento. Y me impresionó. Me dijo que Colón era catalán por una sinfín de razones históricas, no porque sí. Claro, si eres corsario y te peleas contra el rey es normal que te tengas que ocultar. Y eso me cuadró bastante. Y, sobre todo, especialmente que siguiera a un rey catalán como Renat de Anjou. Era muy coherente.–

–¿Y la segunda etapa?–

–La segunda etapa es cuando empiezo a investigar al Jesús histórico.

Yo vengo de una formación cristiana, en qué Jesús es un pilar fundamental. Piensa que yo a los veinte años llevaba los evangelios incrustados. Cada Semana Santa, cada Navidad..., que si la Pascua, que si las misas del viernes, las del sábado, las del domingo..., que si profundizaciones de fe, que si la teología de la liberación... Iba acumulando valores del Jesús más revolucionario, no del auto-flagelador que ha venido a sacrificarse en remisión de la humanidad, sinó el que tenía unos ideales y luchó por ellos rodeado de revolucionarios.

Leí mucho. Recuerdo el libro Jesús de Nazaret, de Jordi Llimona, que me impresionó muchísimo.

Si ahora me borraras lo que he recopilado sobre censura y Colón me quedaría una biblioteca inmensa sobre los misterios del cristianismo, del Jesús chamán, de la ideología política de Jesús y de la revolución de Judea. Entonces, como que tenía tanta información, quise hacer una novela sobre el Jesús histórico. Discernir entre el Jesús de la fe y el histórico, y ver qué connotaciones psíquicas, emotivas, espirituales y políticas puede tener en nuestro pueblo, me interesó enormemente.–

–¿Cuando tenías unos veinte años?–

–A los veintitrés o veinticinco años quise hacer una novela. Pero estudiaba y trabajaba, y no había espacio. Entonces, mi novia consiguió una beca de dos años y me fui con ella a los Estados Unidos, con la idea de acompañarla y escribir.

Al primer año de estar allí ya hice un artículo, como un primer capítulo, sobre Poncio Pilatos, que intenté que la Revista Cataluña me lo publicara. Pensé que si conseguía dinero podría preparar un segundo capítulo. Pero Max Cahner, que entonces era el director de la revista, me respondió por carta que, lamentablemente, era un tema que no le interesaba. Y lo entendí.

Entonces pensé en hacer otra cosa. Se acercaba el año noventa y dos, el año del quinto centenario de lo que fue la llegada de los catalanes a América, y pensé que podría hacer una novela. Empecé a investigar, y leí el Diario de a bordo de Colón.–

–Que escribió su hijo Fernando...–

–Fernando hace una copia. Los originales no se han encontrado nunca. Incluso se ha dicho que lo escribió el padre Casas2. El libro realmente son copias de copias o copias de copias de copias. El hecho es que cuando lo leo, en una edición que respetaba mucho la ortografía de aquello que se escribió en el siglo quince, me doy cuenta que esto es catalán. Que está escrito por alguien que no habla castellano y lo escribe por aproximación. Tenía unas resonancias muy castellanas, pero no era castellano. Las preposiciones fallaban; los pronombres; los subjuntivos; las palabras... La ortografía era cien por cien catalana. Todo eran cedillas y dos eses, «cavallo» con uve. Y pensé: «¿todavía tendrá razón Valentí Serra?».

A partir de aquí es cuando empiezo a estirar el hilo de verdad. Buscaba un trasfondo histórico para escribir una novela sobre Colón y me doy cuenta que no liga absolutamente nada. No saben donde nació; quienes son sus padres; si sirvió a Renat de Anjou; si tuvo escudo de armas... No saben si fué corsario o mercader; dicen que no se movió de Génova; si no navegó; si no estuvo en ninguna guerra; o si no fue noble, como pudo ser que tuviera estudios... Además, se dice que salió de Palos, de Sevilla o de Cádiz, incluso de las Canarias... según la crónica. No sabían de donde salió. Hubo una controversia en 1892 entre dos historiadores españoles en que uno defiende que salió de Sevilla y el otro de Cádiz. En el siglo diecinueve no sabían todavía de donde había salido este buen hombre, y razono que toda esta maraña no puede ser un error del cronista, porqué todo el libro tiene errores de arriba a abajo. Incluso a la vuelta hay quién lo sitúa en Barcelona, otros en Palos, en Huelva, en Sevilla, en Palos de Portugal, en La Coruña, en Bayona, en Nápoles... Esto no era normal.

Pensé que el error venía de las imprentas, y estudié las imprentas del Siglo de Oro y de la Edad Media, hasta que topé con libros que profundizaban en la relación entre la ideología y las imprentas; la censura e imprenta, o control de la imprenta. Poco a poco me di cuenta que por donde tenía que ir avanzando no era tanto por la historia de las imprentas, la tipografía o del papel... sino que lo que realmente cambiaban, reescribían y distorsionaban en los textos, era algo dentro del proceso de impresión de los libros.

Todo esto lo hago en los Estados Unidos, donde tienen algunas cosas malas y otras de buenas. Pero una de las buenas es la facilidad para gestionar la información. En el año 893, en la Biblioteca de Cataluña, todos los libros estaban en un almacén, donde tú no sabes qué hay. Era cuando todavía no estaba informatizada, y el horario en que se podía ir a hacer investigación no era compatible con quienes trabajaban. En cambio, en los Estados Unidos tenías todos los libros al alcance. Libros del siglo dieciséis, diecisiete, dieciocho... por temáticas, y por colecciones. Recuerdo mirar los índice de los artículos de las colecciones, uno a uno, y decir: «esto me interesa». Tenías un acceso directo a la información y esto me permitió avanzar muchísimo. En cambio, en Cataluña, las colecciones estaban a menudo incompletas o repartidas entre varias bibliotecas. Aquí, para hacer investigación, o eras muy ocioso o millonario o te tenías que cargar de paciencia. Daba muchas vueltas y hacía mucha combinaciones para avanzar, y me lo tenía que compaginar entre horas libres del trabajo para conseguir media hora o tres cuartos para estar en las bibliotecas antes del horario laboral.

De este modo, en los Estados Unidos pude avanzar mucho. Fui recopilando información hasta que me encuentro trabajos realmente interesantes. Por ejemplo, el artículo de Rumeu de Armas de la historia de la imprenta y la censura literaria en la España del siglo dieciséis, que decía que había unas leyes censoras que afectaban el contenido de los libros. Pero el batacazo fuerte fue cuando leí el artículo de Juan Friede sobre la censura en los libros de historia de América de los siglos dieciséis, diecisiete y dieciocho.

A partir de aquí la visión que tengo del relato de la historia cambia, porque lo que se transmite de estos estudios es que el libro que se publica no es el que se escribe. Se puede asemejar mucho, poco o nada a la escritura original, pero no será nunca el mismo. Por lo tanto, siempre tenemos que tener presente que un libro de esta época ha pasado por dos o tres manos como mínimo, y se han introducido elementos a fin de que aquella historia que podía poner en entredicho la visión monolítica del Estado, lo acabe fortaleciendo. Podías escribir un libro contra el Estado pero acababa saliendo una apología del mismo Estado. A partir de aquí siempre he pensado que hay una parte cierta en los libros, pero siempre hay otra parte introducida por la censura.

–Es decir, empezaste teniendo una inquietud razonada sobre la identidad de Crisóbal y esto te despertó la curiosidad.–

–Sí, de su identidad y de los hechos que se narraban. Los nombres; el lugar donde nació; si sirvió de corsario; si era hijo de un lanero; si era o no mercader; si estuvo en una guerra; si se escondía... Claro, todo esto lo tenía que ir poniendo en cuarentena y lo tenía que ir estudiando.–

–Entonces, Jordi, tomas conciencia de que Colón nos esconde otra historia, después de hacer una investigación intensa donde transciendes y profundizas sobre la historicidad de Jesús. Y vas a parar a la Santa Inquisición. Claro, esto, para mí tiene una gran relación. Pero esto pasa hace treinta años. Ahora estamos en 2020. Entonces, ¿cuando empiezas a pensar no ya la cuestión de Colón sino la historia de los catalanes? ¿La historia de la nación catalana, o que representa esta nación en el siglo quince?–

–Así como para Colón hay una relación con la conversación con Valentí Serra, el resto es un cúmulo de datos que se van poniendo uno tras otro, hasta que acaban cambiando mi forma de interpretar el pasado. O sea, yo empecé investigando si Colón podía ser catalán porqué pensaba que lo era, pero lo tenía que argumentar. Así fuí encontrando cronistas que dicen cosas contradictorias, que su obra está reescrita y que nadie sabe quién fue realmente este hombre. Y este patrón afecta a otros personajes. Por ejemplo, se nos dice que Colón estuvo acompañado de los hermanos Pinzones, pero los Yáñez Pinzón están documentadísimos durante la guerra civil catalana en el mismo bando –el de la Generalitat– donde también estuvo Colón. Por lo tanto, es evidente que ya se conocían. Y con otros conquistadores pasa lo mismo. A medida que vas ensanchando el escenario vas viendo que de Castilla hay muy poca cosa. Además, en temas náuticos y cosmográficos, y de conquistas militares marítimas, los castellanos no tenían ninguna intervención. El mismo Colón y el padre Casas, lo dicen. Castilla, hasta que no se ha incorporado Aragón, no ha salido nunca de sus límites. Y esto mismo lo dicen los apologistas de 1640. Dicen que los catalanes hemos conquistado medio mundo y que el rey de España tiene las Indias por nosotros. Por lo tanto, era muy extraño que en un lugar donde no había astilleros, ni consulados de mar, ni centros cosmográficos ni cosmógrafos, de golpe hicieran todo aquello. Claro, toda la historia de la navegación española y europea se tendría que reinterpretar.

Pero, mientras, como que buscaba elementos no distorsionados ni reescritos de la historia de América, pensé que quizás en historias marginales de plantas, de santos o de minería..., de temas que no tuvieran que ver directamente ni con América ni con Colón, quizás la censura no habría sido tan estrecha. Y leí otra literatura. Por ejemplo, el Tirant lo Blanc, del cual Martí de Riquer dice que el navegante portugués Pero Vazques de Saavedra proporciona las primeras referencias históricas que visten al personaje literario del Tirant. Pero Colón y el padre Casas también hablan de él, y eso quiere decir que había vínculos entre Colón y la literatura. Te das cuenta que la literatura también está arreglada. Y es aquí cuando intento entender como es que en Cataluña, después del Tirant no haya nada. Es inconcebible. Es como decir que después de la Sagrada Familia todas las casas son de paja y barro. Después de un hito tecnológico aquello se mantiene, no se acaba de golpe. Pero después del descubrimiento de Colón, con el Papa Borja en Roma, no hay nada relevante en Cataluña.

Hay un momento en que coinciden en el tiempo: Colón, que es catalán; Fernando el Católico, el rey más grande de la cristiandad, según dice Maquiavelo; el Papa Borja en la gran cumbre del poder eclesiástico; y Tirant lo Blanc. O sea, en el momento más álgido y esplendoroso de la cultura catalana resulta que Cataluña desaparece. Y es aquí cuando dije: «Esto no puede ser», y empezamos a buscar cosas que nos ayudaran a reinterpretar la historia de Cataluña desde la literatura, la tecnología, la ciencia, la navegación, el mundo militar, el mundo espiritual, los movimientos místicos... Y es que no puede ser que en Cataluña haya una historia de catarismo muy crítica con el catolicismo, de reinterpretación constante de la espiritualidad humana, y en cambio todos los místicos, los literatos y hasta todos los científicos, pasen a ser castellanos. Fue cuando entendí que la Inquisición y la censura real, desde el control político y religioso, está detrás de esta gran manipulación, y me dediqué a ello hasta que, hace un par de años, acabé publicando el libro Inquisició i Decadència  (Inquisición y Decadencia). En él explico que la desaparición de las obras literarias, artísticas, científicas e históricas de peso en lengua catalana no es fruto de una plaga de mosquitos ni del caracol manzana, sino que es fruto de la estrategia premeditada e inteligente, totalmente legal, de la Inquisición y el control real sobre la cultura catalana.–

–Exacto. Haces referencia a una historia irreconciliable con el sentido común, que explica que hay un rey de Aragón que por orden papal se le encarga conquistar el mundo con Portugal; que otras fuentes nos dicen que el rey obtiene los títulos honoríficos de rey de Jerusalén y del Imperio Romano; que tenemos un Gran Prior de la Orden del Santo Sepulcro que es de la casa real catalana; que tenemos un Patriarca de las Indias que es catalán y el Papa es valenciano. No tiene sentido que después de llegar a este clímax, que sería la centralidad del mundo trasladada a Barcelona y Valencia, de todo esto no quede nada y hasta finales del siglo dieciocho Cataluña no adquiera protagonismo en la conquista de América. Este es un tema. Pero hay otro del que me gustaría que también me dieras tu opinión. Me parece que tiene relevancia. A parte de esta historia ilógica, hay otra que también es muy catalana. Es la de la transposición de los apellidos judíos a los cristianizados que la historia oficial nos la ha ubicado en un tiempo cercano al del descubrimiento. ¿Crees que esta transformación de la identidad judía catalana, cripto-judía o ya cristianizada tiene relación con la mutilación de la historia de los catalanes que has apuntado? ¿Como lo ves?–

–Efectivamente, este es un tema que tengo pendiente y no sé si lo voy a abordar nunca. Pero hay otra gente que ya lo ha ido haciendo. El mundo judío en Cataluña es apasionante. La persecución a los judíos es un tema digno de estudio y yo veo que tiene relación. Además, porqué lo dice Feliu de la Peña en 1709 en los Anales de Cataluña. Cuando el rey vio que podía tener nuevas riquezas, decidió dejar de obtenerlas de los judíos, y los echó.

Hay una interconexión directa y muy evidente entre los judíos y América. Los reyes se sacan el problema judío de encima porqué ya tienen la solución económica por otro lado. Pero debemos tener en cuenta que los ataques contra el Call de Barcelona ya se dan en el siglo catorce; es decir, tienen lugar mucho antes del descubrimiento de América. Seguramente, tirando atrás, el problema se puede rastrear hasta los primeros tiempos del cristianismo. Como casi todo el mundo sabe, hay una lucha entre sectas en que acaba triunfando la de los católicos, no tanto por sus postulados teológicos como por su violencia extrema o fanatismo desbordante. «Pelan» a todo el mundo que no piensa como ellos. Esto es inherente a la misma historia de las religiones, igual que lo es con la de las naciones, pero en concreto en Cataluña acabará con la expulsión de los judíos y afecta a su identidad. Algunos eran médicos, o profesores de universidad, o de escuela, banqueros, mercaderes... Curiosamente, el mundo del judaísmo si tiene un elemento definidor es el del estudio. La mayoría sabían leer. Hay que tener en cuenta que para un hebreo era fundamental poder leer ellos mismos la Biblia y transmitirla a su familia. Cuando lees sobre las familias judías ves que casi todo el mundo sabía leer, por no decir todos sin excepción. Esto es lo que hace decir, por ejemplo a Jordi Ventura, que la Decadencia no viene porqué la Inquisición se haya apoderado de los libros y haya distorsionado los nombres y la fecha de impresión, sinó porqué echaron a los judíos y se cargaron todos los temas que producían los judíos, fueran médicos o filósofos, teólogos, economistas o literatos, porqué muchos de ellos escribían en catalán. Tuvieron que marchar y fue un estruendo para nuestra cultura. Pero todo esto no venía de finales del siglo quince: ya venía de la Baja Edad Media.–

–Claro. En este punto hay también aspectos muy significativos. Hay documentos que apuntan al hecho de que el primer y el segundo viaje de Colón a América tuvireon dinero de procedencia judía o de familias de reconocido pasado judío.–

–Esto no era ningún problema en aquel momento. Cuando hay el primer viaje transoceánico, que haya un judío que pone dinero no quiere decir que el dinero sea judío. Por ejemplo, Sanxis y Santángel son miembros de la Cancillería Real. Por lo tanto, cuando ponen dinero en algún acontecimiento social lo hacen como cancilleres, no tanto como judíos sino como catalanes. Y evidentemente que no pueden borrar su pasado. Yo encuentro que aquí ha habido una parte de lectura interesada cuando algunos cronistas dicen que Santángel pone el dinero para el primer viaje colombino de sus bienes personales, porqué si son de su bolsillo quiere decir que la cancillería catalana no pinta nada. Es decir, que la tesorería real pone el dinero, aunque el tesorero es judío, seguramente converso.–

Pero los Santángel, como los Vives, se dice que son quemados por la Santa Inquisición, justo después de la primera etapa del descubrimiento de las islas del Caribe y todo lo que representa. En todo caso, ¿crees que es un tema que se debería investigar más?–

–A ver: nuestra historia –entre el miedo a tocar temas donde hay unos gurús que no lo permiten; el miedo multisecular a la Inquisición; la de los poderes fácticos y mediáticos que el Estado español tiene en Cataluña, entre los que hay diarios independentistas que se han aliado junto a la visión monolítica inquisitorial–, hay que repensarla toda. Y el papel del independentismo es curiosísimo. Se merece un estudio psico-patológico. ¿Cómo puede ser que un independentista, o un catalanista aunque sea moderado, termine defendiendo la narrativa inquisitorial inventada para aniquilarlo como pueblo? Bueno, tiene un sentido relativo, porque las revoluciones hechas por bobos terminan creando un país dogmatizado. De hecho, ésta es una de las cosas que a mí me preocupaba del proceso. No entendía que los cabecillas del proceso hablaran tanto de economía y no lo hicieran de historia. Yo pienso que, en el fondo, la memoria colectiva es tanto o más importante para crear conciencia que tener recursos para sacar adelante la independencia.

A mí me sorprendía mucho que en medios independentistas o catalanistas, incluyendo TV3 o Vilaweb, costara tanto de explicar que ha habido una destrucción premeditada y legal de nuestra historia. Y, además, no ceder espacio para que pudiéramos repensarla y difundirla. En cambio, en lugar de ver esto se alinean junto a las directrices inquisitoriales, y en ello hay que incluir una parte importante del mundo académico catalán.–

–¿Crees que el mundo académico ha hecho un flaco favor al trabajo hecho desde el Instituto Nueva Historia?–

–No. Nos ha hecho un gran favor. Porqué dedicar todos los esfuerzos que ha dedicado a combatirnos –y no a investigar nuestros postulados–, lo que ha hecho ha sido reavivarnos. A partir del artículo, y el libro, de SÀPIENS, todo el mundo sabe que existimos. Esto es una propaganda impagable. Si la hubiéramos querido hacer con los recursos de nuestra institución no la hubiéramos podido hacer. Evidentemente que ellos creen que echan por tierra nuestro trabajo, pero está claro que no están legitimados para hacerlo. Es como si una persona que no sabe escribir los números juzgara otra que está haciendo álgebra. Veo que la mayoría de historiadores que nos están juzgando se creen a pies juntillas la historia inquisitorial. La defienden, la mantienen, la impulsan, la propagan y la hacen tema de estudio sin ningún sentido crítico de fondo. Entonces, ¿qué legitimidad tienen estos señores para juzgarnos a nosotros? Ninguna. Pero mientras hablan y nos agreden y nos difaman, la gente nos conoce.

Lo que no pueden hacer es rebatirnos. Porqué no ven que la Inquisición ha tenido el poder que ha tenido ni que la historia se manipula y se reescribe. No pueden entenderlo y esto les lleva a creer y a aceptar que tan solo estamos ante unos errores puntuales. Algunos de ellos los he tenido de profesores o hemos coincidido en algunas tertulias. Por ejemplo, el señor Cingolani decía hace unos años que «es totalmente falso que la Inquisición haya creado un ente para reescribir y traducir los libros de una forma sistemática». No sé en qué escuela debe de haber ido, donde debe de haber estudiado, porque este posicionamiento demuestra totalmente que no tiene ni idea de lo que habla.–

Totalmente de acuerdo.–

–A los historiadores académicos lo que les gustaría es que todo esto que expongo no hubiera pasado. Viven dentro del ámbito del ilusionismo. Nosotros estamos dando datos, hablando de leyes. Mostramos como el texto cambia de edición en edición. Y esto es una evidencia. Pero estos señores, después de treinta años que llevo haciendo investigación, continúan diciendo que no hay nada. Por lo tanto, estamos en el ámbito de la fe. Y una persona que se mueve en el ámbito de la fe, del dogma, de la persecución violenta, agresora, amenazante, que desprecia lo que investigamos, no tiene nada que argumentar. En todo caso, y mejor dicho: en toda la argumentación que se haga desde el odio o desde la venganza, no será objetiva. Está hecha para eliminar una corriente de librepensadores. Y he aquí el problema.

Pero el pensamiento no tiene color de piel. Es como decirle a un negro que no puede pensar porqué es negro, o decirle a una mujer que no puede escribir historia porqué es mujer. ¿La gente no puede investigar? ¿No puede pensar? ¿No puede inquirir? ¿No puede estudiar? Claro que puede. Hay que evaluar los documentos, los datos, no las personas por lo que son, por lo que tienen o por la familia de donde provienen.

Una parte importante del mundo académico está al margen de la razón, la investigación y el estudio. Ha convertido la historia en un dogma y en una religión. Y eso sí que se tendría que denunciar desde todos los medios posibles y no hacerles reverencias por el solo hecho de tener un título. Porque los inquisidores también tenían título. También pertenecían a familias importantes y tenían mucho poder.–

–Exacto, y se sabe que los historiadores del siglo diecisiete, eran cronistas reales y fueron unos estafadores. Hoy se ha consensuado que la historia anterior al reino de Asturias es fantasiosa, pero no se estudia y no se conoce popularmente. Hay que resaltar que no fueron historiadores cualesquiera quienes falsearon la historia de un pasado anterior de este reino. Jordi, llegado a este punto de la conversación, con la idea de ir poniéndole un final, pienso que mucha gente se está preguntando «qué pasó». ¿Qué crees que pasó en los siglos quince y dieciséis para que todo se manipulara?–

–Una nación como la catalana, que en aquel momento tenía un predominio determinante en Europa, acabó teniéndolo en el mundo. Incorporó un nuevo hemisferio, y todo ello fue acompañado de una revolución religiosa que ya se venía dando desde la Edad Media con el tema de los buenos hombres [el catarismo], un cristianismo no católico de buena parte de la Cataluña ultrapirenaica, que hoy en día llaman Occitania (si bien yo me resisto a utilizar este nombre, porque es muy moderno). Condados como Tolosa reconocían al rey catalán como propio. De lo contrario, con la evolución militar y náutica hay una revolución científica detrás, en la medicina, en la astronomía, en la economía..., que acabará con una revolución industrial. Y claro, eso la monarquía lo tiene que ir digiriendo, y mientras nosotros crecemos ellos crean mecanismos de control.

En la Cataluña de hoy ha habido, desde la primera consulta de Arenys de Munt, una revolución democrática y parlamentaria, que los poderes monárquicos han hecho pasar por un golpe de Estado. Los españoles –sobre todo el Gobierno, el Estado español– necesitan distorsionar la realidad porque sino se les derrumba su modus vivendi. A caballo de los siglos quince y dieciséis también pasa lo mismo. La monarquía, el ejército y las clases dirigentes, desde la iglesia hasta el poder real intentan controlar todo esto que estaba pasando. Es la lucha que se ha mantenido hasta la actualidad. No es sólo una lucha étnica. Nuestra etnicidad conlleva una lengua, evidentemente, pero en el siglo quince conlleva una espiritualidad que viene con una ciencia, un arte y unas concepciones políticas revolucionarias, como la monarquía parlamentaria o el pactismo. Castilla y Francia lo terminaron derribando a cambio de la monarquía absoluta, pero luego resulta que el parlamentarismo se ha convertido en uno de los valores de las democracias modernas.

Encuentro que hay una revolución permanente de las ideas, de la espiritualidad, de la ciencia, y de la economía catalana, y esto el Estado no lo puede tolerar. Es como el corredor mediterráneo, que si fuera por nosotros ya lo habríamos hecho, por suscripción popular, como el primer tren, la sagrada familia o el monumento a Colón. En Cataluña hay unas clases muy activas, con una gran dinámica comercial, diferentes de las aristocracias castellanas, como ha explicado muy bien García Espuche en su libro sobre la no-decadencia de la Barcelona y de la Cataluña de la segunda mitad del siglo dieciséis. Y esto España lo ha intentado detener hasta hoy en día. Y de ser uno de los Estados más potentes de Europa nos han acabado convirtiendo en la «mierda de autonomía» actual, intervenida por todas partes.–

–O sea, crees que hubo una revolución religiosa que puso fin a una evolución religiosa catalana.–

–La contrarreforma es esto. Y hubo toda una serie de juicios a humanistas, que acabaron en la hoguera. Recuerdo los casos de Gaspar de Centelles, ejecutado por la Inquisición, o el de Vives, que no volvió nunca a Cataluña. Erasmo también tuvo que marchar y vivir camuflado bajo pseudónimo. Y todos los que marcharon a Nápoles y tuvieron que vivir una diáspora desconocida por entonces, pero intuimos que igual que la que vivieron los que tuvieron que emigrar a América como una tierra de redención. Todo esto se ha perdido, pero la gente marchaba porque aquí el control era férreo y te jugabas la vida. Quien quería escribir tenía que hacer grandes equilibrios y hablar en clave, como el caso de Sirvent (Cervantes). Él mismo lo dice del Quijote dentro de este mismo gran libro: «Mi obra no está hecha para que la entienda todo el mundo. Y si a alguien le ha gustado y se ha divertido es que no ha entendido nada».

Es justo en aquel momento, a comienzo del siglo dieciséis, que logramos una Cataluña transparente que mira de hacer una síntesis entre el paganismo y el cristianismo; con los papas Rovira y Borja, papas sensuales, de gran amor al conocimiento y de recuperación del pasado romano. Llegamos a una inflexión, y pasamos a ser perseguidos. Y entramos en aquel tipo de lenguaje oscuro del barroco, con imágenes excesivamente mitológicas y simbólicas para hablar de cosas cotidianas. Perdemos el misticismo y todos los científicos tienen que marchar porque Castilla −como sabes− y la España de matriz castellana, nunca ha soportado la ciencia. Y esto nos deja en un estadio muy comprometido. Todo el mundo pasa a servir a los reyes de Inglaterra o de Francia... Todo el mundo marchó a Roma, a América... Todo el mundo marcha. Y fíjate que entramos en el siglo veinte con la dictadura de Primo de Rivera y después con la de Franco. Todo esto ha perdurado, lo llevan en el tiempo. La única manera que tienen los Estados para asimilarnos es a base de matar, amenazar, dar miedo, hostiar, degollar, torturar. Quieren que tengas una idiosincrasia como el Barrufet o los Pastorcillos. Joan Manuel Serrat no les importa. Pero si hay algo que cuestiona la continuidad de la España unitaria, constitucional, católica sacrosanta, caciquil o mafiosa, se remueven todas las herramientas que tienen a su alcance para combatirlo. Ya sea por medio de un ejército militar o uno de judicial.–

–Última pregunta. ¿Cómo lograremos la recuperación de esta historia que se nos ha borrado?–

–Esto cada vez lo veo más complejo. Yo pensaba que a medida que se fueran asumiendo estos postulados sobre la manipulación de la historia y las propuestas que hacemos para restaurar nuestro pasado, y todo esto se fuera leyendo, haríamos historia. Pero lo que no pensaba es que en Cataluña hubiera un mundo académico que estuviera haciendo el trabajo sucio de VOX, del ejército y de la monarquía. Y que alguno de ellos vayan de federalistas o independentistas. Esta opción no la contemplaba. Imaginaba que habría reticencias, pero no hasta este punto. Es gente que dice que defiende la verdad, el rigor, el estudio y el método científico, pero esto también es un capítulo perdido del Quijote.

Pensaba que todos los argumentos que aporto y aportamos desde el Instituto Nueva Historia los introduciríamos en la normalidad a medida que avanzáramos hacia el Estado propio. Solo faltaría que la recuperación de la historia no pudiera acompañar la restitución de un Estado. Pero veo que no, que era una ficción. Que sólo querían hacer un pulso con el Estado. Que no se crearon estructuras de Estado. Después se ha dicho que se quería hacer un debate democrático y preguntar al pueblo que quería. Pero detrás de esto no había nada, o casi nada.

Es muy difícil recuperar un Estado propio porque para ello te tienes que enfrentar al discurso del Estado. Y si nuestros políticos e intelectuales no pueden enfrentarse a unas frases y unas ideas, ¿plantarán cara a leyes, ejércitos y poderes económicos? Es muy difícil que lo haga una gente que no se atreve a decir, de nosotros: «estos señores investigan, les tenemos que dejar un margen de espacio para la búsqueda», o que «puede que algunas de las cosas que digan sean acertadas y las podamos incorporar a un plan de estudio», por ejemplo. En lugar de eso miran hacia otro lado, silban y hacen ver que no estamos. No nos dan ningún apoyo y, cuando han podido, todos se han puesto junto al discurso monolítico español, que ahora mismo es el mismo discurso que una gran parte del mundo académico defiende e impulsa.

Por lo tanto, es complicadísimo a estas alturas ver cómo acabará todo esto. Hay quien dice que si tenemos un Estado propio todo cambiará. Bien. Pero, ¿y si no lo tenemos? ¿Y si los políticos autonomistas que tenemos ahora, todos ferozmente en contra para quedar bien con España, y que solo tienen una «mierda» de poder en la autonomía, ¿qué pasará cuando tengan más poder con el Estado propio?

Debemos tener claro que, para no crearnos el mundo idílico de Blancanieves y Patufet, o del pesebre viviente, para crear un mundo real, tenemos que saber que en la Cataluña ufana de antes de 1714, y, incluso cuando los reyes catalanes lo eran también de Cataluña, también se perseguían a los intelectuales y se quemaban los que tenían creencias espirituales diferentes. Y esto no tiene nada que ver con si somos de España, de Francia o del Vaticano. Esto tiene que ver con la condición humana. Hay una especie de almas oscuras y ofuscadas que piensan que lo que saben es lo único que se puede saber y que lo tiene que saber todo el mundo, aunque no sepan nada y su propia ignorancia deba ser validada y válida para todos. Que es como decir que han transformado el debate por el conocimiento en una guerra santa.–

–¿Una guerra santa? Muy bueno.–

–Es así. Han hecho una cruzada. Han salido en todos los medios. En ningún momento se han avenido a sentarse para hablar de la documentación que aportamos. Por el solo hecho de que publiquemos o presentemos documentación nos dejan fuera o nos privan de publicar. Y eso, en todo el mundo, se llama fanatismo. Pero, además, han dado un paso adelante saliendo en todos los medios para decir: «que nadie les contrate», «que nadie les haga entrevistas», «que nadie les publique nada», «si van a algún lugar, no vayáis». Claro, esto es un paso más adelante: el de la persecución intelectual. Todo esto hecho por gente que se hace llamar demócrata, catalanista e independentista. Lo que nosotros les ofrecemos es realmente complejo, y no lo saben digerir. Ya no es que VOX, Ciudadanos o el CNI o los grandes generales o coroneles del ejército español digan: «¡a por ellos!». Es que lo hacen desde dentro mismo del poder autonómico catalán. Y desde el poder académico, desde una serie de tentáculos en la televisión, en la prensa y los medios digitales. Pero nosotros, como de momento no queman, no confiscan y no ponen tu vida en peligro, no te torturan y no tienes que marchar al exilio, podemos continuar estudiando y publicando.–

–Sí, pero han puesto en la prisión a los líderes y a los representantes más valientes.–

–Pero no los han puesto en la prisión por decir que Colón era catalán. Lo han hecho porque han hecho un pulso con el Estado. Un pulso que todos han reconocido que era simbólico, poético y alegórico. Metafórico y apopléctico,  como decía Espriu. Apoteósico, si quieres. Lo han reconocido, no lo han hecho para apoyar al Instituto Nueva Historia ni a la independencia, que, sea dicho de paso, no la han proclamado nunca o lo han hecho de forma simbólica. El Estado, que sabe como actuar desde hace siglos, sabe la manera de disuadir esta provocación. Hostias por un lado y juicio por el otro. Y la respuesta es: «Perdonad, perdonad: tenemos que volver a dialogar». O sea, recibes y te vuelves cómplice de quien te zurra.–

–Te domestican. Jordi, una ultimísima cosa. ¿Quieres añadir algo más?–

–La facultad de buscar información, de investigar, de pensar y repensar, no la pueden destruir con amenazas, insultos o campañas de desprestigio. El perro puede ladrar, pero tú puedes continuar escribiendo. Lo que nosotros hacemos no es poesía, sino aportación de datos al pensamiento. Y el pensamiento no morirá ni la investigación dejará de ser investigación porque unos señores se cabreen. Tienen todo el derecho a cabrearse, pero nosotros también tenemos todo el derecho a hacer investigación. No lo hacemos para conseguir una cátedra o una nómina en la universidad... o una nómina en un partido político. Nosotros damos información a la ciudadanía, a los seres humanos como seres humanos para que dispongan de más datos para interpretar nuestro pasado. No queremos imponer nuestros postulados a nadie ni crear una corriente académica o religiosa, como diciendo: «si quieres la salvación tienes que entrar en el Instituto Nueva Historia». Esto lo hacen ellos. Nosotros aportamos datos, investigación y pruebas. Tú, por ejemplo, interpretas la realidad de una manera y me parece perfecto, y yo lo hago de otra y Pep Mayolas de una forma parecida. Entre todos vamos reconstruyendo el pasado con todo el sentido crítico que se pueda poner. Y no es una cosa de un día o de un año. Quizás tardaremos cuarenta años a tener suficiente grosor de información para que venga otro y pueda repensarlo de una forma global.

Ahora bien, yo también me considero una persona espiritual, de profundidad psicológica. Veo que la realidad no es la que parece, que detrás hay una trascendencia de la existencia mundana, y también me doy cuenta que cuando las cosas se hacen por odio, por venganza, recelo o prepotencia, no son objetivas. Lo dicen los místicos: «si el agua está removida no ves el fondo», «si tiras unas piedras al agua se harán unas olas que no te dejarán ver el fondo». Para ver el fondo de las cosas, la conciencia tiene que estar en paz. Y tú tienes que ver qué hay, no lo que quieres ver. No se puede hacer historia en contra de nada ni de nadie. La historia se tiene que hacer en favor de los hechos, de las nuevas aportaciones. Vengan de un negro, una prostituta, una lesbiana, un independentista o un católico. Me da igual quien la aporte. Lo que importa son los datos y esto, de momento, no nos lo pueden privar.

Por lo tanto, sigo vindicando que la investigación prevalece, siempre y cuando se haya hecho con honestidad. Sin poner el carro de los resultados por delante de los bueyes. Hacerlo con la máxima humildad posible y, si conviene, destruyendo el propio ego, para convertirnos en puertas por donde pase la información.

Yo he estado muchos años haciendo esto, y me acusan de que ahora me quiero lucrar, cuando he estado casi hasta los cincuenta años poniendo dinero de mi bolsillo para investigar. ¿Y si ahora puedo tener un sueldo, diré que no? ¿Por qué no dicen que un mecánico, un militar o un médico se quieren lucrar? Es lícito y es ético que todo el que hace su trabajo obtenga o pueda obtener un beneficio económico. Pero lo que yo hago y hacemos en el Instituto Nueva Historia no es una cuestión de dinero. No es un negocio. Se trata de aportar datos para ayudar a la ciudadanía a pensar por su propio riesgo y compromiso y eso no gusta a todo el mundo. Y menos a los que no quieren que nadie piense. O que todo el mundo repita lo que dicen ellos como si fuera una verdad divina. Pero aportar datos y pensar es básico y fundamental para la creación de la propia personalidad, siempre que la queramos crítica, honesta, lúcida, libre, despierta y feliz. Aquí y en China tropical.–

Enlace de la entrevista original en catalán:

https://andreumarfull.com/2020/07/12/persecucio-intellectual-jordi-bilbeny/


Notes:

1 Historiador peruano que en 1927 concluyó que en Colón era un linaje barcelonés, los libros Cristóbal Colón fue catalán: La verdadera génesis del Descubrimiento y Nuevas Pruebas de la catalanidad de Colón: Las grandes falsedades de la tesis genovesa.

2 El Padre Bartomeu Casas o Bartomeu Casaus.

3 1989.


Enlaces relacionados:

Parlamento de Jordi Bilbeny en la inauguración del 19º Simposio sobre la historia censurada de Cataluña.

Por una sana memoria histórica. Dolors Marin Tuyà.

Derecho a nuestra historia. Sebastià Sardiné Torrentallé.

Agnotología. Dolors Marin Tuyà.

Cristòfor Colom y el respeto a los indios. Jordi Bilbeny.

Cristòfor Colom y el respeto al conocimiento. Jordi Bilbeny.

Luís Ulloa o el historiador total. Jordi Bilbeny.

Jordi Bilbeny: «El único castellano que Cervantes quiso que pasara como icono mundial es un loco».

Imaginemos la Península Ibérica ocupada por los franceses.

Portada | ¿Quiénes somos? | Enlaces | Agenda | Actividades realizadas | Contacto