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Publicación
Ensayo sobre Moneda, Mercado y Sociedad.
Magdalena Grau Figueras,
Agustí Chalaux de Subirà.

El poder del dinero.
Martí Olivella.

Introducción al Sistema General.
Magdalena Grau,
Agustí Chalaux.

Opinión
Crisis, Chalaux i la Moneda Telemática.
Lluís Busquets i Grabulosa.

A. Los sistemas monetarios hasta hoy. Capítulo 1. Delimitación del objeto del estudio. Moneda telemática y estrategia de mercado. Índice. Moneda telemática y estrategia de mercado. Capítulo 3. La realidad monetaria a través de la historia. Moneda telemática y estrategia de mercado.

Capítulo 2. Los sistemas monetarios: elementos, naturaleza y funciones.

  1. Objetivos y método de este capitulo.
  2. Elementos de los sistemas monetarios.
  3. Personas y mercancías.
  4. Las unidades monetarias.
  5. Los valores mercantiles.
  6. Los instrumentos monetarios.
  7. Síntesis sobre los elementos de los sistemas monetarios.
  8. Naturaleza de los sistemas monetarios.
  9. Funciones de los sistemas monetarios.
  10. Sistema monetario y estrategia de mercado.

1. Objetivos y método de este capitulo.

¿En qué consisten, cómo funcionan y para qué sirven los sistemas monetarios?

En este capítulo intentaremos responder a estos interrogantes. Es necesario advertir que la concepción que expondremos no coincide con las que difunden la mayoría de libros de texto o especializados en el tema. Además, tampoco la concepción aquí definida sirve para explicar, de una forma explícita, las formas que toma actualmente la realidad monetaria.

No se describirá pues, el funcionamiento de los sistemas vigentes en la actualidad, sino que se intentará buscar aquellos rasgos definitorios y esenciales de cualquier sistema monetario, aunque éstos no han de coincidir necesariamente con sus versiones actuales.

En referencia al método de exposición, hemos optado por un procedimiento generativo, aunque no precisamente histórico. Efectivamente, se presentará una secuencia temporal de etapas, pero no se hará ninguna referencia a acontecimientos históricos concretos. Es preciso reconocer no obstante, que esta sucesión temporal de etapas se deduce de una serie de hechos históricos reales tomados previamente en consideración. Siendo así, puede que pareciera más adecuado comenzar por la historia y continuar con la interpretación de la misma. Hemos optado, sin embargo, por seguir el camino inverso, en un puro artificio de presentación: la única razón, es que se podrá contar así, cuando se inicie la aproximación histórica en el próximo capítulo, con todo un instrumental interpretativo teórico que nos será de gran utilidad para la comprensión de los hechos concretos.

2. Elementos de los sistemas monetarios.

Para dar al tema el máximo de claridad y de precisión, distinguiremos, en el seno de cualquier sistema monetario bien desarrollado, una serie de elementos que lo conforman, y que corresponden a diferentes niveles de realidades que es necesario separar por completo, para no caer en confusionismos.

  1. Un primer conjunto de realidades es el formado por todas las personas que intervienen en un mercado y por todas las mercancías intercambiadas en este mercado. Se trata, evidentemente, de un nivel de realidades concretas.
  2. El segundo elemento a considerar son las unidades monetarias, éstas pertenecen a un nivel de realidades completamente abstractas.
  3. En tercer lugar, es necesario considerar los valores mercantiles, realidades de nivel mixto, concreto-abstracto.
  4. y, finalmente, se puede distinguir lo que denominaremos instrumentos monetarios: se trata de un nivel de realidades también mixtas, pero mucho más complejas que las anteriores.

Todos estos elementos se irán definiendo a lo largo de los próximos apartados; una vez realizado su análisis, será posible contestar a las preguntas inicialmente planteadas: ¿qué son los sistemas monetarios?, ¿qué funciones cumplen?

3. Personas y mercancías.

Como ya se ha dicho, el mercado es el intercambio de bienes utilitarios; en tanto que son intercambiados, estos bienes reciben el nombre de mercancías.

En el mercado actúan unas personas concretas, las cuales intercambian unas mercancías concretas. Sólo en el contexto de este intercambio concreto, tanto en relación a sus sujetos como por lo que se refiere a sus objetos, podemos hablar de sistema monetario.

Los sistemas monetarios son, como veremos en seguida, construcciones totalmente abstractas; pero sólo pueden nacer del mercado como hechos concretos y vivos: han sido inventados por personas concretas con objeto de facilitar sus intercambios de mercancías concretas. Insistimos en este punto, a pesar de su obviedad: personas o mercancías no son, propiamente, partes del sistema monetario pero son su condición sine qua non. El mercado es, pues, el marco a tener siempre presente cuando se trate de sistemas monetarios.

4. Las unidades monetarias.

El intercambio de mercancías puede realizarse perfectamente sin necesidad de un sistema monetario. En este supuesto, cada trueque o intercambio elemental de una mercancía concreta «A» contra una mercancía concreta «B» se realiza, simplemente, en función de las necesidades particulares y subjetivas de los dos agentes del cambio. Si estas necesidades quedan satisfechas mediante un trueque determinado, este trueque se concierta y se realiza.

En estos casos, la percepción de su satisfacción por parte de los agentes del mercado es siempre de orden cualitativo, porque no existe ningún patrón cuantitativo del valor de las mercancías al cual referirse para poder calcular la equivalencia exacta entre los valores de cambio de dos mercancías cualesquiera.

Para las sociedades que cuentan con un mercado de gran alcance y complejidad, este trueque subjetivo-cualitativo es insuficiente. En estas sociedades, la inventiva humana crea las unidades monetarias, como unidades de medida cuantitativa del valor de cambio de todas y cada una de las mercancías concretas existentes en un mercado dado.

Las unidades monetarias permiten realizar intercambios cuantitativamente equivalentes, que denominaremos trueques monetarios.

De la misma manera como para medir distancias concretas utilizamos el metro, que es una unidad de longitud convencional y abstracta, para medir el valor de cambio de las mercancías concretas utilizamos unidades monetarias. Las unidades monetarias, no son sino unidades de medida totalmente convencionales, abstractas y, por consiguiente, universales.

Decimos que las unidades monetarias son abstractas, porque son puras convenciones formales, vacías de contenido concreto.

Y decimos que son universales, porque constituyen un común denominador contable abstracto, homogeneizador de todas las mercancías concretas y heterogéneas existentes en el mercado considerado.

En el mercado monetario, cada mercancía concreta es señalizada por un cierto número de unidades monetarias abstractas: gracias a esta homogeneización monetaria de las mercancías concretas, naturalmente heterogéneas, es muy fácil calcular equivalencias numéricas entre diferentes mercancías.

Fijémonos en que la introducción de unidades monetarias en un mercado no implica la desaparición del trueque elemental, es decir, del intercambio concreto de mercancías concretas. Las unidades monetarias únicamente permiten facilitar y perfeccionar numéricamente el trueque, que llega a ser así, como hemos dicho, trueque monetario.

5. Los valores mercantiles.

La consecuencia inmediata de la introducción de unidades monetarias en un mercado, es la determinación de valores mercantiles, que son entidades mixtas, concretas-abstractas, resultantes de la comparación homogeneizadora entre mercancías concretas heterogéneas y unidades monetarias abstractas homogéneas.

Los valores mercantiles directos son los que se obtienen de la comparación de mercancías concretas/unidades monetarias abstractas, es decir, de la señalización de cada mercancía concreta por un número determinado de unidades monetarias.

Podemos distinguir dos tipos de valores mercantiles directos. Si se trata de mercancías producidas, tenemos valores precio-mercantiles o, sencillamente precios de venta. Por ejemplo: «1 Kg. de patatas vale 30 unidades monetarias». Si se trata de mercancías productoras tenemos valores salario-mercantiles o, sencillamente, salarios. Por ejemplo: «1 jornal de obrero agrícola vale 2.000 unidades monetarias».

Existe también un valor mercantil inverso, obtenido de la comparación: «unidades monetarias / mercancías concretas» y que denominaremos dinero. El dinero será definido, como «el poder de compra de mercancías concretas, por la unidad monetaria, dentro de un mercado dado». Por ejemplo, «con 1 unidad monetaria se puede comprar 1/30 Kg. de patatas, o 1/2.000 jornales de un obrero agrícola».

6. Los instrumentos monetarios.

En las sociedades mercantilmente poco dinámicas y socialmente conservadoras, precios, salarios y dinero acostumbran a ser determinados, casi exclusivamente por tradición y evolucionan muy lentamente. En estas condiciones, el trueque monetario anteriormente citado continúa conservando su utilidad a lo largo del tiempo.

Pero, en sociedades más abiertas, puede desarrollarse un mercado más dinámico y precios, salarios y dinero pueden llegar a establecerse bastante libremente variando y fluctuando de manera continua, no sólo en función del deseo que cada parte contratante del cambio tenga de poseer la mercancía que el otro ofrece, sino también en función de las circunstancias ambientales: guerra o paz, escasez o abundancia, dificultades o facilidades de transporte, almacenamiento, etc.

En este supuesto, la realidad mercantil llega a ser tan rica y compleja, que el trueque monetario se hace a su vez insuficiente, y es necesario encontrar nuevas modalidades de intercambio que permitan transacciones más rápidas y cómodas, más ágiles. Surgen así los instrumentos monetarios.

Gracias a los instrumentos monetarios, se podrá sustituir el trueque conjunto o intercambio directo de mercancías, por el cambio monetario elemental, que es un intercambio de mercancías diferido en el espacio y en el tiempo. No es necesario ya esperar a encontrar la persona a la cual le interesa mi mercancía y que además tenga la que a mí me interese. Ahora es posible obtener la mercancía deseada sin entregar ninguna otra mercancía a cambio, sirviéndose de los instrumentos monetarios y gracias a la contabilidad íntimamente ligada con éstos.

A partir de este momento, podemos definir el instrumento monetario como «un documento contable, intra-compensable en un sistema de contabilidad». Se trata de un documento que se emite a cada libre acto mercantil elemental realizado, al objeto de registrar todas las dimensiones de interés contable. Al disponer de estos documentos es posible construir un sistema de intra-compensación en cuentas corrientes personales que permitirá prescindir definitivamente del trueque, tanto sin moneda como con moneda.

Imaginémonos una posible relación comercial (mercantil) entre dos mercaderes: el mercader A acostumbra a abastecer de grano al mercader B, pero éste no tiene ninguna mercancía que interese al primero, de manera que no es posible establecer entre los dos una relación de trueque. Gracias a los instrumentos monetarios, podrán llegar a un acuerdo.

El comerciante A, que denominaremos proveedor, abastece de grano al otro, que denominaremos cliente; el proveedor no recibirá a cambio ninguna mercancía, pero redactará un documento en el cual se detallará la cantidad y precio del grano entregado, así como la fecha de la transacción y el nombre de los dos (y el de los posibles testigos del acto). Los dos comerciantes firmarán el documento, y así éste se convertirá en un reconocimiento de deuda por parte del cliente hacia el proveedor de la cantidad de unidades monetarias consignadas. Sólo es necesario, entonces, que el proveedor acuda al establecimiento donde los dos comerciantes tienen una cuenta corriente (hoy diríamos «banco»): allí, con el documento como prueba, se realizará la «pasación de escrituras», es decir, el paso de las unidades monetarias consignadas desde la cuenta corriente del cliente a la del proveedor.

Por este procedimiento, el dinero o poder de compra correspondiente a la cantidad de unidades monetarias implicadas en la transacción pasa a disposición del proveedor, el cual podrá usarlo ahora como cliente, completando así el ciclo del trueque. Pero las compras que haga podrán ser con otros comerciantes, en otras ciudades, en otros períodos de tiempo... es por eso que hablamos de trueque o intercambio diferido. El trueque de mercancías concretas original se ha disociado en dos o más cambios monetarios elementales, lo cual implica el movimiento elemental de mercancías en una única dirección a través del instrumento monetario.

A partir de aquí, el equilibrio que se daba en cada trueque elemental debido a la equivalencia de los valores de cambio de las mercancías intercambiadas, ya sólo podrá alcanzarse a nivel de todo el mercado conjunto global, debido a que los diferentes cambios monetarios elementales en que se ha disociado cada trueque no son necesariamente equilibrados entre si.

Para acabar, y resumiendo, diremos que un instrumento monetario es, simplemente, «un reconocimiento de deuda, documentado con precisión e intra-compensable a través de un sistema de cuentas corrientes personales, dentro del libre mercado conjunto de todos los libres cambios monetarios elementales». A lo largo de este ensayo, hablaremos indistintamente de instrumentos monetarios o de documentos monetarios, según que nos interese resaltar su calidad de instrumento técnico -de expediente contable que posibilita realizar un nuevo tipo de cambio mercantil- o que queramos resaltar su aspecto de documento que registra con completa precisión cada cambio mercantil elemental efectuado.

Como es evidente, el cambio monetario elemental es mucho más ágil y permite mucha más dinamicidad que el trueque monetario conjunto. Y, de hecho, a partir de aquí ya no es necesario inventar nada nuevo en materia de sistema monetario, ya que existen todos los elementos fundamentales. El instrumento monetario que hemos descrito es bastante flexible para adaptarse a cualquier situación, de la complejidad mercantil que sea. Únicamente es preciso ponerlo al día, en función de las realidades mercantiles y de las posibilidades tecnológicas actuales.

7. Síntesis sobre los elementos de los sistemas monetarios.

Como síntesis final se puede establecer que los sistemas monetarios son realidades complejas en las cuales distinguiremos los siguientes elementos:

  1. Las personas concretas, agentes de mercado intercambiadoras de mercancías concretas en el marco de un mercado dado. Sin este mercado no tiene ningún sentido hablar de sistemas monetarios.
  2. Las unidades monetarias las cuales actúan como unidades de medida; radicalmente convencionales-abastractas e inventadas para responder a la necesidad de cuantificar con exactitud el valor de cambio de cada una y de todas las mercancías concretas intercambiadas en un mercado dado.
  3. Los valores mercantiles (precios, salarios, y dinero) que son entidades mixtas, concretas-abstractas, resultantes de la comparación entre las mercancías concretas y las unidades monetarias abstractas.
  4. Los tres elementos anteriores son condición suficiente para un mercado poco desarrollado; no obstante, en las sociedades mercantilmente más dinámicas aparece un nuevo elemento: los instrumentos monetarios.

Estos son una invención de carácter puramente instrumental-auxiliar que sirven para facilitar un nuevo tipo de transacción y, al mismo tiempo, para documentar con precisión todas y cada una de las transacciones efectuadas.

8. Naturaleza de los sistemas monetarios.

La conclusión fundamental que se desprende de todo lo expuesto es que los sistemas monetarios son de naturaleza exclusivamente instrumental, convencional y abstracta.

En un mercado cualquiera el elemento básico, objeto directo de todos los intereses utilitarios, está constituido por las mercancías concretas. Ellas tienen un valor intrínseco por el cual son deseadas. Serán consideradas como realidades primeras de cualquier utilitarismo mercante.

El sistema monetario, en cambio, no es sino una construcción artificial que se sobrepone a estas realidades concretas y primeras, con la única finalidad instrumental de manejarlas con más comodidad y con mayor eficacia.

Las mercancías concretas y las personas concretas que las intercambian son el fundamento de la existencia del sistema monetario: por eso consideraremos a éste como realidad segunda, derivada de la primera. La realidad monetaria segunda y derivada no tiene ningún valor intrínseco, sino sólo un valor puramente instrumental, basado en su estructura abstracta de sistema métrico.

Si históricamente algunas formas de instrumentos monetarios han sido dotadas de un valor intrínseco muy concreto -nos referimos evidentemente a la moneda metálica así como a cualquier otra forma de moneda-mercancía- eso no quiere decir que la intrinsicidad sea la nota definitoria y esencial de los sistemas monetarios, antes al contrario, la esencialidad y la utilidad de los sistemas monetarios reside justamente en su abstracción, convencionalidad e instrumentalidad. Esta es la postura que ha venido defendiendo, ya desde Platón, la denominada teoría nominalista.

9. Funciones de los sistemas monetarios.

Una sencilla metáfora puede servir para aclarar el funcionamiento de un sistema monetario como el descrito.

Podemos imaginar el sistema monetario como un espejo muy especial que proporciona imágenes cuadriculadas (realidades segundas y abstractas) de las mercancías concretas y de sus movimientos en el mercado (realidades primeras). Cada vez que dos agentes del mercado realizan una transacción, la mercancía, que es el objeto, pasa por delante del espejo en el que se proyecta su imagen cuadriculada: esta imagen es el valor mercantil (precio, salario y dinero correspondiente). Si además, el espejo está dotado de un dispositivo fotográfico que toma una instantánea del movimiento de la mercancía y de los dos agentes implicados en él, entonces la fotografía obtenida es el instrumento-documento monetario. La imagen proyectada en el espejo es fugaz, desaparece al acabarse la transacción; pero la imagen fotográfica queda dejando constancia de todas las características de la transacción efectuada. Por lo que respecta a las unidades monetarias, ellas son la cuadrícula del espejo, el esquema abstracto-numérico de todas las imágenes anteriores.

Un sistema monetario de estas características, independientemente de si actualmente existe o no en la realidad, cumple las siguientes funciones mercantiles y sociales:

  1. Función métrica: las unidades monetarias son, antes que nada, unidades de medida. Son unidades convencionales-abstractas para medir el valor de cambio de las mercancías concretas intercambiadas en el mercado. El sistema monetario es, por lo tanto, un sistema métrico.
  2. Función instrumental: la referencia a una unidad monetaria abstracta, convencional y universal, homogeneizadora de las mercancías concretas -naturalmente heterogéneas-, hace que estas mercancías lleguen a ser fácilmente comparables. Por este motivo, el sistema monetario llega a ser el instrumento que dota al mercado de una mayor y mejor agilidad y dinamicidad: es como el aceite que lubrifica los engranajes.

  3. Esta función se potencia aún más con la invención del instrumento monetario-contable, el cual, al servir como medio de pago, posibilita un nuevo tipo de cambio: el cambio monetario elemental.
  4. Función documentaria-informativa: si las dos primeras funciones son propiamente mercantiles, ésta, además, tiene una gran importancia social. El instrumento-documento monetario nos deja constancia precisa y completa de cada uno de los actos mercantiles elementales realizados, convirtiéndose así en un instrumento muy eficaz de información sobre el mercado. Esta función es la que se analizará y estudiará aquí prioritariamente. Las importantes consecuencias que se derivan de su no cumplimiento actual y de su posible cumplimiento futuro, previa sencilla reforma monetaria, las iremos analizando a lo largo del ensayo.

10. Sistema monetario y estrategia de mercado.

Después de ver los elementos, la naturaleza y las funciones de los sistemas monetarios, queda por hacer una última consideración al objeto de poner de manifiesto el papel que estos sistemas juegan en el seno de la sociedad. Existe todavía otra función fundamental que los sistemas monetarios no cumplen directamente, pero de la cual son el único instrumento posible, por lo menos hasta la fecha. Se trata de la función que podríamos denominar estratégica.

Los mercados no se encuentran, por sí mismos, en estado de equilibrio. El equilibrio es necesario buscarlo desde el exterior, por medio de una acción voluntarista que denominaremos acción estratégica.

Uno de los equilibrios que es necesario conseguir prioritariamente en el mercado es el equilibrio entre poder de venta total y poder de compra total: el poder de compra tiende siempre -y no es este el momento de preguntarnos el por qué- a ser inferior al poder de venta en oferta. Esta desigualdad, si es muy significativa, recibe el nombre de deflación monetaria. Si la deflación es prolongada y toma dimensiones considerables puede desembocar en graves crisis de contracción de los mercados y de recesión productiva.

La estrategia indicada en estos casos de insuficiencia de poder de compra es la denominada invención de dinero: se puede inventar poder de compra suplementario mediante ciertos mecanismos monetarios.

Esta estrategia es esencial para cualquier sociedad ya que de ella depende en gran medida el bienestar de todos sus miembros.

Si el sistema monetario vigente es informativo y documenta con precisión y exactitud completa cada libre cambio monetario elemental efectuado, entonces el mercado es bien conocido en todas sus dimensiones monetarias y en cada uno de los sectores y subsectores. Se posibilita la opción de una invención de dinero adaptada a las necesidades reales de este mercado en la cantidad y la dirección adecuadas. Esta será una buena estrategia de invención de dinero que denominaremos eu-estrategia.

Históricamente la invención de dinero ha sido una actividad llevada a cabo por unos profesionales muy especializados, los banqueros, los cuales han actuado más bien por empirismo e intuición que por un conocimiento completo y científico del mercado. Como consecuencia, la acción estratégica no ha obtenido resultados realmente equilibradores, sino que muchas veces ha llevado a situaciones mucho peores de signo contrario: nos referimos a la inflación monetaria, es decir, al exceso alarmante de poder de compra.

En la actualidad las aberraciones estratégicas son tan enormes, que se ha llegado a la coexistencia de una feroz inflación con una profunda recesión, situación límite que se denomina stagflación.

La crisis se plantea con mayor crudeza que nunca: es urgente formular estrategias innovadoras y encontrar soluciones tecnológicas, es decir, con base científica.

Dada esta situación se puede comprender fácilmente la importancia que tiene la reconsideración de la naturaleza y las funciones del sistema monetario. Si podemos hacer del sistema monetario un instrumento abstracto y plenamente informativo, se podrá también llevar a cabo una estrategia racional para el mercado, una estrategia que sea realmente equilibradora.

Trataremos de definir las bases de esta estrategia en los últimos capítulos del presente ensayo.

A. Los sistemas monetarios hasta hoy. Capítulo 1. Delimitación del objeto del estudio. Moneda telemática y estrategia de mercado. Índice. Moneda telemática y estrategia de mercado. Capítulo 3. La realidad monetaria a través de la historia. Moneda telemática y estrategia de mercado.

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