Este
ciclo, de una duración aproximada de 54 años, fue observado
por primera vez por un economista ruso llamado Kondratieff cuando, en 1926,
se dió cuenta que el comportamiento de la economía norteamericana
entre 1780 y 1926 había seguido tres oleadas cíclicas. Otros
investigadores posteriores han conseguido mostrar que la economía
inglesa se ha comportado de forma parecida desde 1271 hasta la actualidad.
En este punto, la investigación para otros países se encuentra
con la limitación de la falta de unos datos mínimos que cubren
un periodo suficientemente significativo.
Básicamente, este ciclo se compone de cuatro fases:
Cuadro
1. Los ciclos económicos alrededor del siglo XX.
Explicación del cuadro 1:
Ciclo I.
- En el fondo de la depresión las expectativas de los empresarios sobre los beneficios futuros son tremendamente pesimistas y, como la utilización de la capacidad de producción instalada es muy baja, la inversión es muy reducida. Las familias tienen tendencia a restringir su demanda de bienes de consumo al mínimo indispensable. El paro es muy elevado, los tipos de interés muy bajos, los precios internacionales de las materias primas hace tiempo que están en los mínimos y, finalmente, la tasa de inflación es cero o, incluso, negativa.
- La guerra que probablemente estalle servirá de catalizador de la actividad económica. En efecto, las perspectivas de una próxima guerra provocan una demanda adicional a través de los gastos de rearme iniciados por los gobiernos; cuando la guerra estalla, la demanda se mantiene por los aumentos de las exportaciones de los países no beligerantes hacia los beligerantes; finalmente, cuando la guerra acabe, las necesidades de reconstrucción provocarán un nuevo estímulo a la demanda. Como que la capacidad industrial no utilizada y el paro son, en este momento, elevados, la estirada de la demanda no provoca una inflación significativa; esto y las relativas facilidades monetarias hacen que los tipos de interés nominales sean bajos y el crédito abundante y barato.
- A medida que el tiempo pasa y la reconstrucción se termina, comienza una nueva gran estirada de la demanda: durante toda la fase baja del cicle se han ido produciendo nuevos descubrimientos (tanto de nuevos procesos productivos, que abaratan los costes de las empresas, como de nuevos artículos de consumo) que ahora saldrán de los centros de investigación para introducirse en la vida cotidiana. En efecto:
Durante toda esta primera fase de Kondratieff, las bolsas habrán recorrido unos cuantos ciclos cortos (ver la segunda parte del artículo) donde las fases alcistas serán largas y las bajistas de duración no demasiado grande (dos años, quizá, como máximo) y no muy fuertes. Ver el cuadro 2.
Cuadro
2. Índice de la Bolsa de Barcelona desde 1960 hasta 1970.
- Al final de esta primera fase suele estallar alguna guerra que agraba las tendencias inflacionarias del sistema económico, y esto porque ahora la demanda adicional viene cuando las empresas trabajan a plena capacidad y en el mercado de trabajo hay plena ocupación.
- La aparición de un nivel de inflación medio (o alto, según el país) y con tendencia sostenida (o incluso creciente) favorece la aparición de distorsiones en el aparato económico, de las cuales las mas importantes, por lo que aquí estamos tratando, son la progresiva descapitalización de las empresas (a través de la sobrevaloración de los beneficios) y la generalización de la inversión especulativa (en estos momentos es cuando se pone de moda la colocación del ahorro en oro, sellos, inmuebles, etc.).
Fase segunda.
- El elevado nivel de inflación existente provoca que la mayoria de los gobiernos adopten una política económica restrictiva que tiene como consecuencia la disminución de la demanda. A medida que la tasa de inflación se resiste a bajar, continuan las políticas económicas de signo restrictivo que, en el grado que sean monetarias, darán lugar a altos tipos de interés nominales. Los efectos combinados de demanda en disminución y de altos costos financieros para las empresas traerán a las mas débiles a la bancarrota.
- La tasa de inflación comienza a bajar, pero el paro comienza a aumentar (lo cual comporta un descenso de la masa salarial y, por lo tanto, una menor demanda de consumo). Mientras tanto, la aparición de capacidad industrial no utilizada y los altos tipos de interés reales desincentivan la inversión productiva, que baja abruptamente. La caída de la demanda, tanto de consumo como de inversión, tiene otras consecuencias:
Cuadro
3. Evolución del índice general de la Bolsa de Madrid desde
1971 hasta 1984.
- El proceso contractivo de la economía española seguirá hasta que las tasas de inflación hayan caído a niveles que se consideren normales (o el paro haya llegado a niveles políticamente insoportables para el gobierno). En este momento se inicia la...
Fase tercera.
- Los gobiernos comenzarán nuevamente a llevar a término políticas económicas expansivas, que ahora serán preferentemente monetaries, haciendo caer los tipos de interés nominales progresivamente.
- No se hace expansión fiscal (es decir, rebajas de impuestos o programas de gasto público como, por ejemplo, obras públicas) a causa de:
- Por otro lado, los gobiernos estarán sometidos a una fuerte presión por parte de los diferentes grupos socioeconómicos, que esgrimirán los «costes» soportados por cada uno de ellos en la fase anterior en la cual los gobiernos aplicaron una política restrictiva con tal de hacer bajar la tasa de inflación. La reacción de los gobiernos será, en general, la de acelerar la bajada de los tipos de interés aumentando fuertemente la liquidez que circula por el sistema económico. Como que la inversión productiva se va reanimando muy lentamente, este exceso de liquidez se va hacia los mercados bursátiles, trayendo como consecuencia una gran alza de las cotizaciones.
Las subidas de la bolsa en la primera fase de Kondratieff tienen una pequeña «fase líquida» (ver la segunda parte del artículo) y una larga «fase fundamental»; mientras que, en esta tercera fase de Kondratieff, es mas larga la «fase líquida». Este fenómeno tiene su explicación económica: las empresas ven como van creciendo sus beneficios, pero ahora estos no son provocados por un muy elevado nivel de ventas, sino por unos costes decrecientes. En efecto, la bajada de los precios de las materias primas, el descenso de los salarios reales y la caída de los costes financieros harán disminuir substancialmente los costes empresariales y aumentar, por lo tanto, sus beneficios. Pero continúa existiendo un paro muy elevado, una alta capacidad productiva no utilizada, una inversión en equipos industriales creciente (pero muy baja) y una demanda de consumo bastante débil.
- El elevado paro asegura la continuación de las facilidades monetarias y de los descensos en los tipos de interés, lo cual dará lugar (por la mayor liquidez existente y por los trasvases desde los mercados de renta fija) a alzas desconocidas, en nivel y en velocidad, en las cotizaciones bursátiles.
En un momento mas avanzado, este dinero dará lugar, también, a subidas en los precios de los inmuebles, del oro, de los sellos i, en general, en los de cualquier bien apto para la especulación.
- Mas adelante, y con los tipos de interés todavía mas bajos, ya no son solamente trasvases desde la renta fija, sino también una demanda de crédito generalizada la que proporcionará un nuevo combustible a las alzas de las bolsas, mercados inmobiliarios, metales preciosos, etc. Además, aumenta enormemente la demanda de bienes de consumo duraderos (automóbiles, aparatos electrodomésticos...) pagados, también, mediante créditos pedidos por los consumidores al sistema bancario aprovechando el nivel tan bajo de los tipos de interés.
- Otro fenómeno típico de esta fase tercera es la aparición de fuertes tensiones en los mercados de divisas, manifestados por las bruscas variaciones de unas monedas respeto a otras. Este fenómeno está provocado por una enorme masa de hot money (dinero caliente) que, sus maniobras especulativas, salta ágilmente desde mercados financeros de un país hacia mercados financieros de otro, provocando así la rápida variación de los tipos de cambio entre las dos monedas.
Fase cuarta.
- Cuando el mercado de bienes duraderos de consumo comienza a dar algunos síntomas de saturación, cuando las cotizaciones bursátiles están muy por encima de lo que un inversor informado y con una perspectiva a largo plazo consideraría razonable, cuando las viviendas llegan a un precio que los compradores con intención de habitarlos ya no pueden pagar... Viene el «crac». Como ya sabemos, el mantenimiento de una oleada especulativa requiere la entrada continuada de dinero «fresco» (y en cantidad creciente, debido a que se transaccionan unas cantidades casi invariables de activos y a precios cada vez mas elevados). En el momento en que ya no hay nuevos compradores y los precios comienzan a caer, se genera el pánico. Los detentores de los activos los han comprado esperando un rendimiento que ahora viene dado exclusivamente por la plusvalía que surge en venderlos a unos precios superiores (a la altura de las cotizaciones existentes en este momento, el rendimiento, por dividendos en el caso de las acciones y por alquileres en el caso de los inmuebles, da lugar a una tasa de rentabilidad irrisoria). Si los precios comienzan a caer y las plusvalías esperadas desaparecen, todo se hunde y todo el mundo intenta vender al mismo tiempo, cosa que genera una caída en vertical de las cotizaciones; y cada bajada de las cotizaciones provoca la aparición de una nueva oleada de vendedores (cada vez mas desesperados y con mas prisa para vender) y así hasta que las cotizaciones hayan bajado al punto donde ya no haya exceso de vendedores.
En 1929 (ver cuadro 4) el índice Dow-Jones Industrial cayó desde 384 (septiembre de 1929) hasta 40 (junio de 1932). Ahora bien, ¡ya había llegado a 200 el noviembre de 1929!.
Cuadro
4. Evolución del índice Dow-Jones desde 1924 hasta
1937.
- Es un poco alarmante el paralelismo de la evolución del índice Dow-Jones Industrial en el periodo comprendido desde 1924 hasta finales de 1927 con la evolución del índice general de la Bolsa de Barcelona desde 1984 hasta el momento actual (Ver el cuadro 5). Este paralelismo se repite en la evolución del índice Dow-Jones Industrial en este mismo periodo: 1984-inicios de 1987.
Cuadro
5. Índice general de la Bolsa de Barcelona en el periodo 1985-1986.
Base 100 a 1 de enero de 1987.
Haciendo el ejercicio, un poco gratuito, de extrapolar este paralelismo, el crac se habría de producir a finales de 1988 con un índice general de la Bolsa de Barcelona alrededor de 470 (base 100 a 1 de enero de 1985) y con el Dow-Jones a un nivel aproximado de 3.750.
- La caída en vertical de las cotizaciones comporta una bajada del nivel del valor de la riqueza total de las familias, lo cual comportará una bajada de la demanda de bienes de consumo (mas fuerte como mas bienes de consumo duradero se hubiesen adquirido mediante créditos, los cuales el público esperaba cancelar con las plusvalías obtenidas en una bolsa donde la tendencia alcista hubiese continuado).
- Este descenso de la demanda será amplificada pronto por las quiebras bancarias, como consecuencia que los bancos se habían lanzado, en la fase anterior, a la concesión de créditos a las familias financiando la compra de bienes de consumo y viviendas (este fenómeno está provocado por la elevada demanda de crédito con esta finalidad y por la escasa demanda de crédito para financiar inversiones productivas, ya que la inversión, como hemos visto, crecía muy lentamente). Muchos de estos créditos concedidos antes serán ahora irrecuperables.
Si, además, estos bancos tienen otros créditos irrecuperables, como:
- Una vez desencadenada la depresión, con numerosas quiebras de empresas, ejérrcitos de trabajadores yendo hacia el paro, etc. esta es engrandecida, todavía mas, por las reacciones de los diferentes sectores socioeconómicos en el interior de cada estado, los cuales ejercen una fuerte presión sobre los gobiernos pidiendo una mayor protección aranzelaria y una devaluación de la propia moneda para conseguir, a la vez, proteger el mercado interior y conquistar nuevos mercados en el exterior. A medida que esto es un fenómeno generalizado, el resultado global de las sucesivas «guerras aranzelarias» y las continuadas «guerras devaluatorias» entre los diferentes países es una contracción del comercio internacional, el cual asegura un agravamiento adicional de la depresión económica.
En esta fase, las caídas de las cotizaciones en la bolsa son todavía importantes, pero el ritmo de descenso es muy inferior al de la fase de pánico. Los motivos fundamentales de las bajas son ahora:
Los precios de los inmuebles, después de una seria caída inicial (provocada, en parte, por la ejecución de las garantías de los créditos hipotecarios impagados), irá después bajando lentamente, en la medida que al estar también el sector de la construcción en una crisis muy fuerte, la oferta de nuevas viviendas será escasa.
- En el punto mas bajo de la depresión, el paro será tremendamente elevado; la demanda de consumo caerá practicamente hasta los límites marcados por un cierto nivel de supervivencia; la demanda de inversión será prácticamente nula, dada la enorme capacidad industrial no utilizada y las inexistentes perspectivas de beneficios; los tipos de interés nominales estarán muy bajos y, probablemente, haya deflación (bajada de precios). Mientras tanto, se irán creando las bases para una nueva oleada expansiva:
Cada una de las tres reflexiones que siguen tienen el alcance necesario como para provocar un largo debate. Para no cansar al lector, haré una síntesis de aquello que la experiencia histórica de otros ciclos parece señalar.
I- ¿Es evitable el crac?
En la explicación anterior hemos visto que este venía después de una subida desproporcionada de las cotizaciones (y de los precios de los otros activos), provocada por una expansión monetaria acelerada traída por los gobiernos ante la presión de los agentes socioeconómicos que, después de unos veinte años de crecimiento económico y de unos cinco años de crisis, llegan a creer que las depresiones económicas son cosas propias de un pasado muy lejano y que es una responsabilidad de los gobiernos respectivos la de conseguir un rápido retorno a la situación que aquellos identifican como normal (es decir, la de la prosperidad vivida en la segunda mitad de la primera fase de Kondratieff).
En la medida que los gobiernos se resisten a estas presiones y no conduzcan a una acelerada expansión monetaria, la subida de las cotizaciones será de proporciones mucho mas razonables y, en consecuencia, la bajada subsiguiente no tendrá una fase de pánico tan fuerte.
II- ¿Es evitable la depresión económica?
Para que la depresión económica no tuviera lugar, habría de haber algún medio de reanimar la demanda de forma suficiente como para conseguir el pleno empleo. Ahora bien:
De todo esto que acavamos de exponer se desprende que no es posible huir de la depresión (como, si se me permite la licencia poética, como no es posible huir del invierno después del verano, porque dentro de este invierno germina la simiente que dará lugar a un próximo verano). Aquello que si se puede hacer es regular el «tempus» de la depresión, en el sentido de hacerla menos grave pagando el coste de hacerla quizá mas larga.
III- ¿Es evitable una guerra?
Creo que si. Mirando aquello que ha sucedido en las fases finales de los ciclos anteriores vemos que, si bien es cierto que la depresión de 1929-1939 condujo a la II Guerra Mundial (1939-1945), la depresión de 1875-1895 condujo a ninguna guerra generalizada; las vías de salida fueron entonces: